A este restaurante me llevó mi marido (insertaría un emoticono sonrojado, soy así de pava. Si digo esposo, como le pongo un acento extraño no me da... no me da). Después de haber estado comiendo en el mercado, sin habernos ido a cambiar después de haber estado en la playa aunque con indumentaria muy digna, me trajo aquí. Llevamos poco casados; siete años cuando escribo estas líneas.
No me esperaba un sitio así.