La ermita de San Juan sobre el islote que completa el nombre resulta encantadora, rodeada de agua y observada por acantilados.
A la ermita se accede por unas escaleras. Aunque no he recorrido el camino, debe merecer la pena subir todos los escalones, contemplar el paisaje y tener un cara a cara con el acantilado desde una posición privilegiada.