Hace tiempo que me llama la atención, pero no ha sido hasta hace poco que hemos ido a comer a este restaurante que se encuentra a las afueras de Zaragoza, cerca del aeropuerto.
Llegas al aparcamiento y al entrar pasas junto a una zona ajardinada con mesas y sillones que invitan a sentarte, colocados algunos a la sombra.
El interior es muy amplio. Están preparados para celebrar banquetes y en conjunto con el exterior parece un lugar idóneo para cualquier celebración.
Coincidimos con un menú de temporada que estaba a punto de expirar y era la mejor oferta. Iker optó por carta para probar las archiconocidas borrajas con arroz y almejas y el bacalao.