
Fue el fin de semana del 15 de agosto de 2010.
No pudimos elegir mejor fecha para la (mi) primera visita a la capital. La muchedumbre me agobia y la ciudad estaba casi desierta, de manera que las distancias parecían cortas. Cruzamos la Castellana en un momento, sin a penas parar en semáforos y pudiendo hacer fotos desde el coche, sin posibilidad de repetir porque no frenamos.